Mindfulness para evitar el estrés y empatizar con los pacientes

Mindfulness o atención plena, son términos que están convirtiéndose en habituales en el terreno de la psicología en los últimos años. Las primeras formulaciones de mindfulness se efectuaron en los Estados Unidos a finales de la década de los 70, y desde entonces este método se ha convertido en una herramienta eficaz para ayudar a quien lo practica. Además, ha demostrado tener importantes aplicaciones clínicas para, por ejemplo, ayudar a evitar el estrés y a incrementar la empatía, circunstancia que beneficia enormemente a los profesionales. De hecho, cada vez son también más frecuentes los itinerarios formativos para los trabajadores del ámbito sociosanitario.

El mindfulness puede definirse como el método que permite prestar atención de forma particular a cada momento, “de forma conscientemente y sin juicios. Es estar presente con el corazón en lo que ocurre momento a momento. Sin estar en otra cosa, sin piloto automático, suspendiendo los juicios y sin reaccionar a lo que gusta o disgusta de forma impulsiva”. Así lo expresa el doctor en psicología y fundador del Instituto Esmindfulness, Andrés Martín, quien explica que el mindfulness es “básicamente vivir la vida como es, notando ese milagro, pero sin dejar de actuar de forma eficaz, con sentido”.

La psicóloga clínica y presidenta de la Asociación Española de Mindfulness y Compasión (AEMind), Marta Alonso, matiza que más que un método se trata de un estado de conciencia diferente “que consiste en ser consciente del discurrir de la mente momento a momento, manteniendo la atención de forma primordial en el presente, aquí y ahora. Es una atención desnuda, abierta, amable, afectuosa, compasiva hacia todo cuanto ocurre dentro y fuera”. Según la experta hablamos de una capacidad humana básica y universal, que reconocen todas las tradiciones del mundo, de cualquier índole y que podríamos denominar la “conciencia pura”.

Definición de Mindfulness por Marta Alonso

Al tratarse de una capacidad universal y humana, para practicarlo sólo hay que querer hacerlo, sólo hay que decidir incorporarlo al día a día y comprometerse con esa decisión. Cada persona realizará ese proceso de forma distinta aunque se recomienda, como explica Alonso, realizar un protocolo básico estandarizado de ocho semanas “como el Mindfulness Based Stress Reduction-MBSR, el Mindfulness Based Cognitive Therapy-MBCT o el Mindful Self-Compassion Program-MSC en grupo y con un instructor acreditado”. Después se debe practicar semanal o quincenalmente y consolidarlo con tareas guiadas a realizar en el domicilio. Crear el hábito es más sencillo contando con el apoyo del grupo y del instructor. La presidenta de AEMind asegura que aprender es fácil y que incluso puede ser rápido, pero “mantenerlo de forma permanente es bastante más complicado. Hemos podido comprobar en nuestras formaciones y grupos que se tarda una media de dos años en consolidar la práctica de mindfulness de una forma estable y continuada”.

Se practica con técnicas de contemplación y meditación, añade Martín, quien distingue dos tipos: las técnicas formales y las informales. La meditación sentado o tumbado es una de las primeras que pueden contar con la guía profesional necesaria. Y, por otro lado, las informales son las que se aplican en actividades cotidianas, como, por ejemplo, “al despertar hasta que te levantas de la cama, al ducharse, asearse, afeitarse, maquillarse o ir al baño, al esperar en un semáforo, al autobús o a una reunión, o al terminar una tarea y aún no has empezado la siguiente”. En todos los casos lo importante es mantener la mente en la tarea y evitar poner “el piloto automático. Es como un juego de atención”, aclara.

Meditación y Mindfulness

Aplicaciones clínicas

El mindfulness tiene muchas y variadas aplicaciones clínicas, intervenciones de las que tal vez la más probada y conocida es MBSR (reducción de estrés basada en mindfulness). “Existen otras para prevenir recaídas en depresión o trastornos alimenticios, tratar adicciones o convivir con dolor crónico, aunque casi todas tienen MBSR como base y se adaptan a un público en concreto”, explica el fundador del Instituto Esmindfulness.

Con la práctica de esta técnica se trabaja para optimizar el funcionamiento del cerebro en sus funciones ejecutivas, por lo que, según Marta Alonso, el efecto que se produce es positivo y global en todo el sistema. De hecho, gracias a nuevas técnicas de resonancia y neuroimagen, se ha comprobado que la práctica de mindfulness de una forma continuada “produce un engrosamiento y un establecimiento de muchas conexiones neuronales nuevas en la región llamada corteza prefrontal medial. Región que es el sustrato anatómico de las principales funciones integradoras del cerebro humano”. El profesional sociosanitario encontrará en su práctica el bienestar y la salud, “liberándolo de la prisión de sus pensamientos y emociones aflictivas, a través de una nueva forma de relacionarse con ellos, que tiene que ver más con la aceptación para poder cambiar, que con la evitación. Se trata de potenciar todas las posibilidades de la conciencia humana y de hacer florecer la afectividad positiva y la creatividad”, apostilla.

Beneficios contrastados, por ejemplo, a través de las investigaciones realizadas por el Instituto Esmindfulness con profesionales de la salud, en las que se ha comprobado que tras un programa de sólo ocho semanas “se reduce el burnout y la alteración emocional, y se aumenta la empatía”. Además, como comenta Andrés Martín, los profesionales que realizaron esos programas reconocieron que se produjeron cambios en sus actitudes personales orientadas a cuidarse mejor.

Una de las muchas ventajas que encontrarán los profesionales del sector sociosanitario en la práctica del mindfulness es que les ayudará a enfrentar el estrés laboral. Como explica Martín, el estrés se produce por desgaste, por el uso reiterado del “mecanismo de emergencias, mediado por emociones para luchar o huir de diversas situaciones. El mindfulness ayuda a varios niveles. Primero a no juzgar tanto, segundo a regular las emociones y tercero a cuidarse mejor. Además, nos hace más felices, lo que reduce tensión mental”.

Esta técnica se planteó en sus inicios precisamente para reducir el estrés en los pacientes de cáncer y aportarles mayor calidad de vida. Marta Alonso certifica que está constatado que la práctica constante produce un estado de serenidad, desdramatización y concentración. Como uno de los componentes fundamentales del mindfulness es la confianza entendida como aceptación de la incertidumbre, “la práctica produce un estado de calma profunda, eliminando el estrés negativo o distrés de forma progresiva” a medida que los ejercicios se van consolidando.

Las diferentes aplicaciones de Mindfulness en la vida diaria

El mindfulness también puede contribuir a facilitar la toma de decisiones a los profesionales, ya que produce un estado mental de claridad “incrementada” y ayuda a cultivar un estado emocional “más estable y menos reactivo”, como señala Alonso. Su práctica, asegura, funciona porque ayuda ser conscientes de los pensamientos y las emociones para decidir si actuar o no. Es decir, “uno se da el espacio interno suficiente para preguntarse: ¿me interesa actuar desde este estado emocional? ¿Es útil hacer caso a este pensamiento?”, subraya.

Además, su práctica reduce los “sesgos cognitivos (la tendencia al auto-engaño) y mejora la intuición”, como apunta Martín, quien añade que en este sentido están realizando una investigación, junto a la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona para estudiar cómo influye a la hora de tomar decisiones clínicas.

Más ventajas: el mindfulness ayudará al profesional a empatizar más con los pacientes. En el estudio que realizó el Instituto esMindfulness con profesionales de Atención Primaria constató que la empatía está relacionada con una menor agresividad y con una mayor regulación emocional. “Cuando un profesional tiene la mente equilibrada, la empatía por las personas que sufren es natural. Pero cuando está – A nivel físico: potencia el sistema inmunitario y la producción de anticuerpos (atenúa la secreción de cortisol en respuesta al estrés), entre otros efectos. Y produce vitalidad a la vez que un estado relajado.

– A nivel mental: permite llegar a captar la realidad por una parte, y la forma en que nuestra mente la deforma por la otra. Aporta concentración, calma, serenidad y paz.

– A nivel emocional: empatía y restablecimiento del equilibrio emocional. Favorece los estados de ánimo positivos. Genera buena capacidad de hacer frente a emociones y situaciones negativas.

– A nivel relacional: facilita el conocimiento de uno mismo a través de la comprensión de la propia experiencia. Fomenta una actitud básica de respeto y amor hacia sí mismo y hacia todos.

Y favorece las relaciones sanas, a través de mecanismos como la empatía incrementada y el equilibrio emocional. Beneficios del Fuente: Marta Alonso. AEMind Mindfulness A. Martín 46 marzo 2016 sometido a demasiada presión o está agotado, la empatía se desconecta como mecanismo de supervivencia”, explica Martín.

Alonso coincide con él al asegurar que esta disciplina puede contribuir a fortalecer la empatía entre pacientes y profesionales. Según explica, en una actitud de “presencia mindfull el profesional puede dejarse impactar, sin ideas pre-concebidas, por la experiencia emergente del paciente”. Puede, en definitiva, facilitar una experiencia de continuo contacto interpersonal “que a su vez facilita el contacto interno. Hoy se sabe que con estas técnicas las relaciones con los demás también mejoran, quizás porque aumenta la capacidad de percibir las señales emocionales no verbales de los otros, así como la de sentir sus mundos interiores”.

A todo lo dicho hay que añadir que, además, el mindfulness ayuda a los profesionales a mejorar la comunicación con los pacientes y “a recuperar la ilusión por la carrera, poniendo en valor la importancia de cuidar y curar a otras personas que sufren. Me apena ver el alto grado de burnout que hay en la profesión y el coste que tiene para los que lo sufren y para el Sistema de Salud”, reconoce Martín. Todos estos beneficios que recibe el profesional redundan, sin duda, en una mejor atención al paciente. Porque “está demostrado que la calidad de la intervención terapéutica depende en gran medida del estado interior del profesional. Si un sanitario está con la mente equilibrada, atenta, compasiva y despierta, entonces las condiciones son las idóneas para tratar con un paciente”, afirma el fundador de esMindfulness.

Marta Alonso lo corrobora, subrayando que tener experiencia directa de mindfulness por parte del terapeuta, es conveniente para responder a las dificultades del paciente. “La compasión hacia el paciente y hacia todas sus experiencias y acciones es un pilar fundamental de la relación terapéutica. En un esfuerzo por incrementar la compasión del paciente hacia sus experiencias internas, el terapeuta modela la compasión genuina a través de la relación terapéutica, respondiendo consistentemente ante el malestar emocional, pensamientos extremos o sensaciones corporales y devolviéndolos al paciente como sucesos universales humanos”, añade.

Formarse en Mindfulness

Los trabajadores en el sector sociosanitario (auxiliares, terapeutas, trabajadores sociales, médicos, etc.) reciben formación en mindfulness cada vez con mayor frecuencia. Martín corrobora que desde el Instituto esMindfulness en Barcelona se forma a más de 1.500 personas al año y muchas de ellas son profesionales de la salud. Además “un tercio de nuestros programas son institucionales en centros de salud”. Actualmente, desde el Instituto combinan la formación presencial y on line para facilitar el acceso a los interesados y para ser más competitivos en los costes.

Por su parte, la Asociación Española de Mindfulness y Compasión realiza formaciones especializadas para profesionales de la salud desde 2009. Alonso reconoce que la práctica se potencia en grupo aunque también es esencial “realizarla de forma individual donde sea y continuamente. Esta es la forma de que los efectos positivos se instalen en nuestras vías neuronales. A base de repetir, el cerebro aprende”. Además, recomienda que el profesional haga retiros intensivos de práctica “para saborear l nivel más profundos de transformación”.

Actividades formativas en Mindfulness

El primer paso a dar por el profesional es familiarizarse con el mindfulness y eso, según Andrés Martín, lleva tiempo. “Después hay que explorar las percepciones y las emociones como parte de la experiencia cotidiana y, a continuación, conocer cuáles son las aplicaciones para reducir el estrés, mejorar la comunicación, cuidarse y gestionar el tiempo. En programas más avanzados tratamos la compasión y la ética”, explica, a la vez que recomienda la lectura de su último libro: Plena mente, Mindfulness o el arte de estar presente (Planeta 2015).

La formación más adecuada, para Alonso, pasa por el protocolo de ocho semanas estandarizado más una especialización en mindfulness (de un año aprox.) aplicado al colectivo concreto en el que se trabaja. “Aconsejamos que sea una formación más aplicada que académica, ya que adquirir maestría en las aplicaciones clínicas significa vivirlas de forma experiencial. Y, al mismo tiempo, es deseable que el profesional se mantenga en un grupo de práctica continuada para consolidar la misma”. Para la presidenta de AEMind también es importante que en esta primera etapa, que tendría una duración de no menos de dos años, se llevaran a cabo retiros de práctica intensiva. Ya en una segunda fase “el profesional se puede plantear hacerse instructor especializado de un protocolo validado y estandarizado”, siguiendo un itinerario de formación y evaluación de un año y medio a dos años.

Marta Alonso recuerda que la AEMind trabaja con grupos de práctica continuada de mindfulness en 16 provincias espa- ñolas “con formaciones clínicas 100 % presenciales sólo para profesionales de la salud mental en Madrid, Barcelona y Valencia. Impartimos el itinerario para instructores en el protocolo Mindful Self Compassion Program (MSC)”.

Entrevista realizada a Marta Alonso y Andrés Martín y publicada en la revista Balance Sociosanitario en su edición de marzo. Artículo realizado por Juani Loro.