La evolución y cultivo de la compasión para el lado oscuro

La evolución y cultivo de la compasión para el lado oscuro: Una entrevista con Paul Gilbert

El psicólogo clínico británico Paul Gilbert es el fundador de la Terapia Centrada en la Compasión (compassion focused therapy) una forma de psicoterapia que ayuda a las personas a desarrollar y trabajar con experiencias de calidez interior, seguridad y calma a través de la compasión y de la autocompasión. Paul sugiere que la compasión puede aportar “la sensibilidad para afrontar las cosas difíciles de la vida, incluyendo compasión hacia nuestro lado oscuro” Puedes ver aquí el vídeo una entrevista con él realizada por AEMind.

La intención de esta conversación es esclarecer cómo podemos hacer del mundo un lugar más compasivo y ayudar a las personas que están absortas en el lado oscuro.

¿Cómo surge y evoluciona la conducta antisocial?

Probablemente la mejor forma de definir conducta antisocial es: “acciones que apoyan los propios intereses de una persona a expensas de los de otros”. Muchas formas de vida deben comer otras formas de vida para sobrevivir, por lo que la depredación es obviamente antisocial para la presa. En términos de competir por los recursos, hay dos tipos de competición: competición simétrica completa y competición por recursos. En la competición simétrica completa no hay conflicto directo (p. ej. Pájaros en un campo de trigo en el que hay más que suficiente para todos), pero con la escasez, hay competición por recursos con deseos de inhibir a los competidores por medio de la intimidación o el daño (p. ej. Pájaros en el césped luchando por un trozo de pan). Así que ciertas formas de competición son por naturaleza antisociales y crueles. Muchas especies -especialmente los primates- también forman grupos y los grupos pueden ser muy hostiles hacia otros grupos. Echando la vista atrás hacia los 4000 años de violencia tribal, torturas, esclavitud, juegos romanos, el Holocausto y las guerras de hoy en día, debemos decir que los humanos hemos sido bastante antisociales a través de la mayor parte de nuestra historia reciente; somos potencialmente una especie muy desagradable.

¿Cómo ha evolucionado la conducta prosocial?

Ésta ha sido siempre una pregunta clave en la ciencia de la evolución y parte de la respuesta vino cuando el foco se cambió desde la supervivencia y reproducción del individuo hacia los genes. Hay dos estrategias básicas reproductivas: la primera es producir cientos de huevos/crías y dejarlos arreglárselas por sí mismos, de modo que sólo unos pocos sobrevivirán para reproducirse. La segunda estrategia es tener menos crías pero invertir en su vida temprana para apoyar su supervivencia hasta su edad reproductiva. Por tanto, cualquier forma de cuidado parental e inversión es altruismo familiar; en el sentido de que ayuda a los propios genes a pasar a las siguientes generaciones. Esto produce un incremento en la evolución del apego y el cuidado. La capacidad del cuidado proviene de mecanismos evolucionados para atender a señales de sufrimiento y necesidades del otro (infante), dándonos habilidades para decidir qué hacer. Con el paso del tiempo, los mecanismos que facilitan el cuidado han cambiado hacia otras formas de conducta social. Hoy en día, los humanos pueden mostrar comportamientos extraordinariamente cuidadosos hacia amigos, parientes e incluso extraños (como en las profesiones de ayuda).

¿Qué diferencia la compasión del cuidado básico no humano?

El cuidado, como cualquier otra motivación, funciona con algoritmos básicos de estímulo-respuesta (“si A, entonces hago B”)—Si hay un depredador, correr; si hay comida, cazar; si un infante sufre, se activa la conducta de cuidado. El cuidado comienza con la (estímulo) sensibilidad atencional hacia el malestar y las necesidades del otro (infante) y desemboca en el comportamiento de ayuda (respuesta). La definición actual de compasión no difiere mucho de este algoritmo básico. Podemos definir la compasión como una sensibilidad hacia el sufrimiento en uno mismo y los demás con un compromiso de intentar aliviarlo y prevenirlo. A veces esto puede requerir un inmenso coraje y sabiduría. En términos de una identidad compasiva, sería “que yo pueda ser servicial, no dañino”. Este lema puede ser aplicado no sólo en nosotros mismos, sino también en nuestras escuelas, negocios e instituciones políticas: Cómo desarrollarlas para ser serviciales y no dañinas.

Lo que transforma la conducta de cuidado en compasión es que los humanos hemos desarrollado un rango completo de nuevas competencias y tipos de conciencia que nos permiten tener percepción y perspectiva, pensamiento sistémico, un sentido objetivo de nosotros mismos e intencionalidad consciente. Podemos tomar decisiones sobre hacer prioritario o inhibir un motivo o emoción o acentuarlos. Por tanto, una forma de ver la compasión es que compasión es cuando utilizamos nuestras nuevas competencias cognitivas para cuidar y apoyar a otros. Las ratas y los monos se preocupan de sus infantes pero no pueden, hasta donde nosotros sabemos, elegir intencionalmente conductas ni ser conscientes de que sus conductas de cuidado tienen un impacto en el desarrollo de sus hijos.

Desde un punto de vista evolutivo, la compasión es una motivación arraigada en el evolucionado sistema de cuidado de los mamíferos. Como cualquier otro motivo, las emociones, conductas y habilidades para ser compasivo dependen del contexto. Lo que las conecta a todas es la sensibilidad atencional y el deseo de abordar el sufrimiento, aliviarlo y prevenirlo, si es posible. Además, sabemos que la compasión y la conducta prosocial pueden ser escogidas por el razonamiento moral y por la identidad del self incluso en ausencia de emoción.

¿Cuál es la diferencia entre empatía y compasión?

Aquí es importante hacer una distinción entre motivaciones, emociones y competencias, ya que son diferentes funciones psicológicas. De este modo, los motivos son los guías de la conducta (p. ej. encontrar alimento, reproducirse…) y permiten la supervivencia. Las emociones están conectadas a cambios en estados fisiológicos que sirven a los motivos. De modo que cuando una motivación clave es amenazada podríamos experimentar ansiedad o rabia, pero cuando va bien nos sentimos positivos. Las competencias, por otra parte, son los medios a través de los cuales hacemos cosas (p. ej. tenemos piernas para caminar). Las competencias cognitivas son habilidades para evaluar el significado del estímulo y calcular respuestas adaptativas. La empatía es una competencia y no una motivación. Podríamos convertirla en motivo conscientemente en el sentido de que podemos entrenarnos para ser más empáticos pero desde un punto de vista evolutivo, la empatía evolucionó como competencia para apoyar cierto tipo de conductas sociales.

La empatía es la habilidad para sintonizar y comprender qué ocurre en la mente de los demás (y a veces en nuestra propia mente). La empatía humana puede ser usada por cualquier motivación. Es más probable que construyamos relaciones de apoyo con otros si conectamos con empatía que si no lo hacemos. Los competidores suelen tener más éxito si son empáticos hacia sus adversarios y de este modo pueden aprovechar sus debilidades y demás. Es cómo se usa la empatía y la motivación detrás de ella lo que es absolutamente crucial. Algunas personas pueden ser empáticas pero con baja motivación de cuidado mientras que otros tienen alta motivación de cuidado pero bajas habilidades empáticas.

¿Cómo y por qué desarrollaste la Terapia Centrada en la Compasión?

En 1980 estaba trabajando con la terapia cognitiva para depresiones complejas. En esta terapia ayudas a las personas a identificar pensamientos negativos como “soy un desastre”; “no sirvo para nada”…para después mantenerse alejado y pensar en algo más equilibrado, alternativas útiles tales como “tengo un compañero que se preocupa por mí”, “tengo un buen trabajo”… Esto puede funcionar en algunos pacientes pero en otros no cambia la forma en que se sienten. Un día le pregunté a una mujer que tenía una depresión muy compleja, cómo ella oía en su cabeza esos pensamientos alternativos en su mente, que los dijera en voz alta tal y como los experimentaba. Me quedé en shock cuando descubrí que se hablaba de una forma muy agresiva y hostil: algo como: “¡Venga, tienes una pareja que se preocupa por ti y tienes un buen trabajo, por el amor de Dios, atiende a los hechos, estúpida!”

Así que de repente me di cuenta que el tono emocional y la textura del pensamiento alternativo era tan importante como el contenido. La invité a crear una motivación compasiva para sus pensamientos alternativos y a centrarse en generar un tono genuino y cariñoso hacia sus pensamientos. Su respuesta inmediata fue de rechazo porque sentía que eso era ser débil, inútil, que la compasión era indulgencia y “demasiado blanda”. Posteriormente, cuando intentó ser compasiva, se quedó abrumada con tristeza por la soledad de su vida temprana. Estimular la compasión en el cliente puede abrir recuerdos difíciles de carencias de compasión en el pasado.

De modo que la terapia centrada en la compasión comenzó simplemente atendiendo al tono emocional de los pensamientos de las personas y ayudándoles a generar empatía genuina, intención compasiva y sentimientos opuestos a los hostiles. A través de los años esto desembocó en otras formas de desarrollar la mente compasiva que puede ayudar con los aspectos más hostiles de uno mismo.

Aquí podéis ver un video corto de 5 minutos que muestra cómo el desarrollo de una mente compasiva puede ayudar a personas con voces internas difíciles. Hoy en día hay gran cantidad de investigación respecto a lo que ocurre en nuestro cerebro cuando creamos estados mentales compasivos.

Fuente: The Evolution and Cultivation of Compassion for the Dark Side: A Q&A with Paul Gilbert