Cecilia Gelpi, presidenta de AEMind: «Los países desarrollados fomentan las graves brechas sociales de los países subdesarrollados»

Cuando Cecilia Gelpi fue elegida presidenta de AEMind mantuvimos con ella una larga entrevista en la que se trataron muchos temas de interès. Dada la extensión de la conversación decidimos dividirla en dos y guardar una parte para más adelante. En un momento en el que la inmigración es un tema de máxima actualidad y puesto que Cecilia acredita una amplia experiéncia internacional es en este momento cuando hemos decidido publicarla.

 

A título personal, trabajas como psicóloga con población en riesgo de exclusión social y con inequidades socio-políticas, empleando Mindfulness como parte del modelo de intervención. ¿Por qué? ¿En qué medida y de qué modo enriquece Mindfulness este tipo de terapias?

Efectivamente. Acompaño a personas que están o han vivido situaciones fruto de las inequidades sociopolíticas, así como realizo supervisiones de equipos que llevan a cabo actuaciones en primera línea. Todas ellas son susceptibles de tener, o de haber tenido previamente, un impacto en su bienestar emocional. En estas situaciones muchas veces las personas tienen tendencia a juzgarse y culpabilizarse duramente y caer en rumiaciones del tipo “y si hubiera hecho/dicho…” o “hubiera tenido que…” o “tenía que …” o “ya no volveré a ser la/el mismo/a”.

Trabajar con mindfulness en mi práctica clínica significa introducir una herramienta menos conceptual partiendo de la experiencia vívida y sentida de la toma de consciencia del momento, libre de juicio y con una actitud más amable hacía ti mismo/a. Permite rebajar la tensión acumulada por el impacto de la experiencia para llevar mayor serenidad del momento presente y así poder facilitar un trabajo introspectivo sin identificarte con la experiencia vívida.

Todos/as nos hemos sentido alguna vez arrastrados/as por las experiencias. Mindfulness te da la posibilidad de tomar cierta distancia y ver cómo la estás viviendo. Una vez eres capaz de des identificarte de la experiencia, seguirás siendo tú, con esta consciencia del impacto sobre ti y el/la que decidirás si quieres o no trabajar para acabar con el sufrimiento que conlleva.  Personalmente creo que mindfulness te ayuda a hacerte responsable de tu propia capacidad de afrontar la vida y es entonces cuando con esta actitud empieza tu recuperación desde una perspectiva resiliente.

 

Presidenta de AEMind

Háblanos del trabajo que desde 2014 desarrollas en EEUU dirigiendo grupos de apoyo con perspectiva de género, atención plena y yoga, en el campo de las violaciones de derechos humanos, violencia de género, comunidad LGBT, etc.

Durante los 3 años que viví en EEUU tuve la oportunidad de seguir colaborando con organizaciones sociales que daban apoyo a colectivos en situación de exclusión social: mujeres que vivían situaciones de violencia de género, personas torturadas por pertenecer a la comunidad de LGBT, población refugiada y personas que habían sido víctimas de trata. El objetivo en todas estas organizaciones fue poder dar un espacio a estas personas para facilitar la elaboración de sus experiencias, así como para fomentar la creación de un tejido social en un país, Estados Unidos, donde los estereotipos y la discriminación están fuertemente instaladas estructuralmente y donde poder tener un grupo de apoyo te puede ayudar a no quedarte aislada/o y superar experiencias vividas.


«Si no se trabaja con perspectiva de género se cae en el riesgo de seguir fomentando desigualdades»


Trabajar desde la perspectiva de género, para mí es necesario ante unas realidades desiguales fundamentadas en el sistema patriarcal. Si no se trabaja con perspectiva de género se cae en el riesgo de seguir fomentando desigualdades, micromachismos, así como poner “tiritas” ante situaciones que requieren cambios estructurales. Hacer patente que muchos de los sufrimientos recaen en inmovilismos frente a desigualdades de género creo que forma parte de mi responsabilidad como psicóloga.

En tu carrera destaca tu labor de cooperación internacional en apoyo psicosocial a población inmigrante, refugiada y sobreviviente de violaciones de derechos humanos. ¿Por qué decidiste abordar esta problemática? ¿Qué has aprendido de tu experiencia con esta dura realidad?

Tenía un tío que estuvo viviendo entre Paraguay y Bolivia casi toda su vida. Estuvo trabajando en comunidades indígenas y siempre que tenía ocasión de hablar con él me hacía tomar consciencia de las inequidades políticas y sociales en estos países.

Igualmente, tengo un amigo jesuita, compañero de escuela de mi padre, que durante años estuvo trabajando en el Servicio Jesuita a Refugiados. Cada vez que venía a cenar en casa, nos explicaba las situaciones que se vivían. Escucharles no me dejaba nunca indiferente y me movilizaba a querer conocer mejor otras realidades. Primero lo hice formándome y estudiando acerca estas inequidades. Luego, quise hacer algo más activamente.

Al cabo de un tiempo de tener la carrera de psicología acabada y habiendo realizado una experiencia de cooperación en África, conocí que en Intermón había un programa de apoyo psicosocial a población de Guatemala refugiada en México que quería retornar a su país después de la firma de acuerdos de paz. El programa se desarrolló entre los años 1996 y 1997 y consistía en acompañar a las familias que querían regresar a Guatemala y vivir con ellas en su nueva comunidad de retorno que debían construir de nuevo en Guatemala. Allí tuve la oportunidad de vivir tanto con la población retornada en Guatemala como con la población guatemalteca que todavía estaba refugiada en México.


«Después de 20 años sigo trabajando y aprendiendo de las personas que viven en situación de mayor vulnerabilidad social»


Para mí, aquellos 2 años me mostraron qué era ser resiliente y cuál era el valor y la importancia de crear comunidad. Igualmente, me hicieron tomar consciencia de las graves inequidades entre el Norte y el Sur, y cómo desde nuestros países “desarrollados” permitíamos y fomentábamos (y lo seguimos haciendo actualmente) las graves brechas sociales de los países “subdesarrollados”.

Después de esta experiencia con personas que estaban viviendo en el refugio o que retornaban a sus países de origen después de años lejos de su país, opté por querer seguir aprendiendo de las personas en situación de mayor vulnerabilidad social. Después de 20 años sigo trabajando y aprendiendo de las personas que viven en este tipo de contextos.

Tras tus más de 20 años de experiencia profesional, ¿qué ha aportado mindfulness a tu trabajo?

Creo que mindfulness ha sido una herramienta útil para ayudarme a gestionar mejor las emociones que tengo tanto en mi vida personal como profesional. Poder trabajarme con mi práctica diaria, creo que me permite estar más presente ante las personas que acompaño, me facilita ser empática sin identificarme con sus experiencias, así como me permite cultivar la compasión para estar más conectada con la persona.

Igualmente, creo que mindfulness me ha permitido adoptar esta actitud de la que hablaba al principio, la cual considero una pieza fundamental en el abordaje en mis terapias: fomentar las capacidades existentes tanto individuales como colectivas desde la responsabilidad hacía ti mismo/a y la comunidad, lo que puede facilitar la transformación social hacía una sociedad libre de sufrimiento, y tal vez, con mayor consciencia y agradecimiento de los momentos de felicidad que también tenemos.