Diario de un novato (1) Iniciarse en la práctica del mindfulness

Mindfulness para dummies 


El periodista Bernardo Carrión se inicia en la práctica del mindfulness de la mano de AEMind. En esta nueva sección ‘Diario de un novato’, Carrión narrará su experiencia y evolución en el curso de iniciación al mindfulness


Así como los hijos vienen sin un libro de instrucciones de crianza, el cerebro tampoco llega con un manual de uso. Es el órgano que nos da la consciencia y rige nuestros actos. Según investigaciones recientes, tenemos unos 20.000 pensamientos al día: generamos material suficiente para escribir un Quijote entre que te levantas y te acuestas. ¿Cómo se defiende nuestro cerebro de la gran cantidad de estímulos que ha de gestionar durante toda la vida?

En los últimos meses he escuchado hablar de la práctica del mindfulness y he decidido acercarme a esta herramienta que te ayuda a gestionar el contenido de tu cerebro para conocerte mejor. ¿Quién podría rechazar una ayuda así? Soy periodista autónomo y empresario, trabajo para diferentes clientes, colaboro con algunos medios y también manejo redes sociales, una jungla donde la atención se dispersa como la de un niño en un quiosco de golosinas. Y lo más complicado: tengo dos hijos adolescentes que me ponen a prueba a diario. A mi mente no le vendría nada mal un sistema para poder aceptar, asumir e incorporar la gran cantidad de estímulos que recibo al cabo del día.

Me he dirigido a AEMind, la asociación española de Mindfulness y Compasión, pionera del mindfulness en España, y he propuesto a sus responsables inscribirme en un curso de iniciación a cambio de escribir un diario en el que cuente mi experiencia como novato. Han aceptado, y aquí está mi primer post.

Aprender a gestionar las emociones para conseguir vivir el presente

Antes de comenzar me he citado con Rodrigo, de la junta de AEMind, para que me introduzca en los fundamentos del mindfulness y la compasión. Durante dos horas, Rodrigo me explica cómo funciona nuestro cerebro y cuáles son las trampas en las que caemos una y otra vez. El objetivo del curso a que voy a iniciar es aprender a gestionar las emociones para conseguir vivir el presente, lejos de los condicionamientos a que nos someten nuestro pasado y nuestro futuro, para conocernos mejor y acabar por percibir la realidad desprovista de emociones. No vale el axioma ‘Seremos felices después, para eso hemos de sufrir primero’. Buscaremos el bienestar mental aquí y ahora: ‘Caminante no hay camino, se hace camino al andar’.


«El objetivo es aprender a gestionar las emociones para conseguir vivir el presente»


Desde que tenemos consciencia, la sociedad nos va imponiendo unos filtros, a través de los cuales nos juzgamos y nos culpamos. Nuestro cerebro toma referencias del pasado y del futuro. Todo el tiempo. De esta manera, vivimos pensando en los que nos pasó y en lo que nos va a pasar. Nos cuesta mucho vivir en el presente y por tanto, disfrutar del mismo.

practica del mindfulness aemind

El pasado nos atormenta, el futuro nos provoca ansiedad

La mezcla indivisible entre cuerpo y mente siempre se resuelve a favor de la segunda. Así, nuestro cuerpo, única realidad tangible de la que disponemos, se ha convertido en el taxi de nuestra mente. En la ducha, en vez de centrarnos en nuestras sensaciones, estamos pensando en todo lo que tenemos que hacer durante el día. Un mecanismo que se repite durante el resto de nuestra jornada. La mente domina al cuerpo.

¿Qué sucede cuando vives en esa realidad? Que siempre estás intentando prever el futuro, calcular qué va a pasar, recrear todos los escenarios posibles. Y, como medida de protección, siempre escogemos el peor posible, para intentar estar preparado cuando ocurra. Con una pequeña salvedad: el peor escenario posible no sucede casi nunca. Pero hemos desarrollado un apego al sufrimiento que nos empuja a repetir este mecanismo una y otra vez.


«Nuestro cuerpo se convierte en el taxi de nuestra mente»


Del pasado tampoco podemos fiarnos. Como he dicho antes, hay cálculos científicos que sitúan en 20.000 los pensamientos que tenemos al cabo del día: 13 por minuto. Uno cada poco más de cuatro segundos. Las cifras sobre nuestra memoria fotográfica también son increíbles, al igual que nuestro cerebro: tomamos un recuerdo cada 0,041 segundos. Es decir, 24 fotogramas por segundo, como una cámara de cine. ¿Casualidad? Pero de la misma manera que pierdes los recuerdos de una película, pierdes los de tu realidad. El cerebro solo guarda las ‘fotos’ más representativas, de las cual echa mano para evocar un recuerdo concreto. Y como encuentra huecos, los rellena con la intuición. Una vez evocado el recuerdo, lo vuelve a guardar. Pero no el recuerdo original, sino el evocado, que sobreescribe sobre la versión anterior. ¿Recordáis el experimento de hacer una cadena con un mensaje boca-oreja entre un grupo de personas? Nuestros recuerdos acaban igual de desvirtuados que esos mensajes.

Nuestro cuerpo existe, lo que hay dentro de nuestro cerebro no

Una vez conocido que ni el pasado ni el futuro nos ofrecen certezas, solo nos queda buscar en el presente. Para ello hemos de ser conscientes de nuestras emociones y aprender a gestionarlas: ‘Yo no soy una emoción: tengo una emoción’. Y las emociones no duran más de 30 segundos. Cuando seamos capaces de hacerlo, podremos empezar a vivir dentro de la realidad. Pero de nuestra realidad, no de lo que nuestro cerebro nos ‘vende’ como realidad. Nuestra realidad es nuestro cuerpo, nuestro estar y lo que sentimos. No lo que piense o diga alguien ajeno a nosotros. Ni siquiera lo que pensamos nosotros mismos.


«Mindfulness no te cambia a ti, sino a la forma en que percibes la realidad»


Uno de los objetivos de la práctica del mindfulness es concentrarse en el presente. Para ello se necesita un entorno cómodo, una postura en la que podamos permanecer durante un buen rato sin resentirnos, alguien que te guíe… y meditar. Concentrarte en la respiración, tomar consciencia de tu cuerpo y recogerte para observar tu mente. Sentir el presente, encontrarte con tu cuerpo. E identificar y gestionar las emociones y los pensamientos que surjan: darles entrada, observarlos y dejarlos ir.

Es fundamental no juzgarte: conseguir contemplar emociones y sentimientos tal cual son, para después aplicar la autocompasión —volveremos a hablar de este término, que tiene una connotación negativa en nuestra cultura y no en el mindfulness—, lo que nos permitirá dejar de juzgarnos. De esta manera, y con la práctica, podremos conocernos mejor para intentar solucionar aquello que nos hace sufrir. El mindfulness no te cambia a ti, sino a la forma en que percibes la realidad. Es un estado mental de serenidad, de tener la capacidad para lo que los especialistas llaman ‘cabalgar la ola’: no es lo mismo deslizarse sobre ella con una tabla de surf que ser arrollado por su fuerza.

Hay quien dice que el mindfulness es el arte de dejarte en paz.

¿Qué os parece el planteamiento? Estimulante, ¿verdad? Hoy mismo empiezo. Ya os iré contando.

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Bernardo Carrión.